
Ahora vivo en una casa nueva. Tuve que dejar mi destartalado hogar, no podía pagarlo. Entonces una amiga de una amiga me dejó su casa, supongo que es tener suerte eso, a veces tengo esa clase de suerte fláccida, suerte de guerrilla. Justo entonces me empezó a entrar algo de dinero, ahora estoy bien, estoy tranquilo, no pasa nada. He dejado el coche y vuelvo a ir en metro, ha sido raro, hay una especie de tele en los vagones, todo el mundo la mira, al principio no lo sabía y pensaba que miraban justo encima de mi cabeza, pensaba que me había salido un arito como de santo y que la gente lo miraba, pero no, era la tele. Todos mirando con la boca abierta, es una sensación muy rara, probad, poneos debajo de la tele del metro y haced lo que queráis. Nadie os verá.
Luego dejé de ir en metro, no tenía ni que salir de casa, había gente que me llamaba y me daba dinero, yo hacía cosas a cambio, cosas de vídeos en el ordenador, falsificaciones, truco y cartón, tiene su gracia, sobre todo si vas muy fumado, he estado fumando mucha hierba todo este tiempo. Hay un vecino que vende hierba, hay gente que me da dinero, todo cuadra. Cuadra tanto que desde que he dejado la hierba no me llama nadie para darme dinero. Pero es igual, la hierba y el dinero sólo sirven para pasar el rato. Lo importante es otra cosa, pero no puedo contarla. Tiene que ver con coños y calamares en su tinta. Comer calamares en un coño, probadlo, de verdad, todo el coño manchado de tinta, y la textura de los calamares, tan parecida a la del coño, a veces se confunde uno al morder. Probadlo, en serio. Nadie os verá.