Por el Día de la Madre, le regala a su madre una tarjeta con su madre dentro. Una enorme tarjeta de cartón, donde la mujer va pegada con superglue o algún otro potente adhesivo.
Le regala un viaje en tarjeta.
El Hombre de la Pústula
domingo, 5 de mayo de 2013
miércoles, 30 de enero de 2013
jueves, 6 de diciembre de 2012
lunes, 22 de octubre de 2012
Mendigo Cinético
Ya lo dice el título pero debo insistir: es un mendigo. Tal
y como lo he representado recuerda bastante a la arquetípica figura del caco, botín en mano y a la carrera;
insisto: no es el caso. Había en él alguna esencia que no he sabido captar,
quizá un olor, que no dejaba lugar a dudas acerca de su condición indigente. Lo
que sostiene en su mano no es un botín, sino su equipaje, sus posesiones, el
hatillo proverbial, desprovisto de palo en este caso, y en forma de bolsa de
basura.
No lo he dicho: se trata de un mendigo que encontré en el
metro hace unos días, un mendigo que corría para coger el vagón, pero también
después de llegar finalmente a su destino. Un mendigo que exigía estar en
movimiento perpetuo, continuo, de marcha larga pero constante. Un mendigo
virtualmente imparable.
jueves, 4 de octubre de 2012
miércoles, 25 de julio de 2012
Mano de Araña (y 2)
(viene de aquí)
Aquí vemos a nuestro triste amigo haciendo alguna clase de gestión. Alguna burocracia pesada y gris, en el transcurso de la cual su interlocutor repara en el arácnido apéndice que le sirve de mano...
...aplastándola a golpe de dossier.
[Aquí el autor ha recargado quizá demasiado la imagen, dificultando su legibilidad y cayendo en un sensacionalismo un tanto barroco. Queremos creer que trataba de representar el reflejo del muñón arácnido en el ojo estupefacto del protagonista]
Bueno. No sabría decir muy bien por qué, pero el caso es que la reacción natural de nuestro amigo es introducir el muñón por la boca del impulsivo burócrata.
...y apropiándose de él para siempre con un horrible sonido de ventosa.
Esto supone sin duda un cambio importante en su vida. Después de todo, su antigua mano de araña cumplía perfectamente la función prensil que de ella se esperaba, pero ¿un cerebro? Un cerebro no tiene pulgares oponibles, como mucho lóbulos que pueden encorvarse un poco, y con mucho esfuerzo. Tiene, eso sí, otras ventajas. Puede ser estimulado con impulsos eléctricos más o menos sutiles. No me invento nada: si te aplican electrodos directamente en el cerebro, pueden hacerte revivir momentos pasados, y no hablo de hacer memoria, hablo de vivir otra vez. Nuestro ladrón de órganos pasa una buena temporada explorando el cerebro del desdichado burócrata con la ayuda de una simple batería de coche y una panoplia de alfileres, agujas de punto y clavos.
Por si alguien se lo pregunta, es él quien sigue al mando. El cerebro del burócrata no tiene acceso a ningún nervio importante, tal vez siga ahí ¡pobre hombre! luchando por hacerse con el control de este cuerpo nuevo que le ha usurpado la vida. Es inútil, no conseguirá nada más allá de provocar algún espasmo en el brazo, y al final se acabará rindiendo. Para nuestro ladrón de órganos la cosa es muy diferente. Ha encontrado un juguete infinito, un universo vital y psicológico a su entera disposición. Con el tiempo, mucho tiempo, adquiere una técnica muy depurada, y logra mezclar no sólo recuerdos sino sueños, terrores y toda clase de depravadas fantasías en un único escenario por el que puede moverse a voluntad. Mucho tiempo, eso sí, mucha práctica. Años de languidez e infinito clavado de alfileres, años de hurgar ese tembloroso y mágico tejido de molusco.

De lo que se colige que las extremidades vienen y van, pero la masturbación permanece.
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Estampitas,
Gorgonzola All-Stars
lunes, 9 de julio de 2012
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