miércoles 15 de junio de 2011

Comiéndole el coño al gato

Digo gato y no gata porque no estoy considerando los verdaderos genitales del animal, pienso más bien en un coño humano, un desproporcionado y floreciente filete ahí, en el dibujo, justo bajo la nuca del tipo.

Detrás de la nuca, no en la nuca. Un coño en la nuca es otra cosa, es una imagen asquerosa que dejo sobre la mesa pero no pienso tocar. Una imagen que abre un nuevo mundo de permutaciones copulativas, una variable más en la ecuación de los acoplamientos posibles, no pienso tocarla, ya os lo he dicho, sólo estoy empujándola un poco con el bolígrafo.

Los efectos de la penetración en un cerebro-vagina. Ejercer presión sobre el hipocampo, distorsionar la percepción del espacio tridimensional, revivir momentos pasados como si estuvieran sucediendo en ese mismo instante. Alucinaciones olfativas. Sinestesia.

Embarazos craneales. Migrañas de final incierto.

4 comentarios:

Niño Gusano dijo...

Menuda cerdada

Don_Mingo dijo...

Embarazar una cabeza, madre mía... tocar el cerebro y modificarlo. Volver loca a tu pareja. Qué oscuro todo...

Esther dijo...

Bravo. Viva.

Anónimo dijo...

Ke pendejada es esta! Deja de fumar lo que fumas cabron!