martes 27 de enero de 2009

Arremangándome


Tengo un hábito bastante desagradable que consiste en acudir los viernes a la hora de comer a una hamburguesería de nombre por todos conocido. Detesto la pitanza inmunda que allí sirven, pero por alguna grotesca razón encuentro la experiencia edificante. Como algunos ya sabrán, encuentro un morboso placer al rebozarme en todo tipo de oprobios y bochornos, no dudando en enterrar la cara y aspirar hondo la entrepierna de cualquier meretriz que se me cruce, por muy fofos y sudados que tenga los muslos.

Esta búsqueda de emociones feas y repugnantes se debe, como es lógico, a la ausencia total de sucesos significativos o interesantes en mi vida cotidiana. Ya de muchacho, aburrido de la vida en superficie, me internaba por las cloacas armado tan sólo con una linterna, por eso se comprende que ahora, hombre hecho y desecho, me infiltre en estas sórdidas expendedurías.

Me infiltro, sí. La sensación es comparable a entrar en comisaría vestido con un uniforme, previamente robado a un policía cuyo cuerpo en calzoncillos y camiseta de tirantes hubiera abandonado en una cuneta al azar. Saludar a sus compañeros con una sonrisa de falsa franqueza, entrar en el cuarto de fumar y ponerme un café como si tal cosa, entablando conversación con los agentes que allí estuvieren.

Naturalmente entrar en la hamburguesería es menos arriesgado, pero igualmente el pulso se me acelera, me pongo en guardia y quieto como una estatua observo a mi alrededor para recabar el máximo de información posible, procurando no ser detectado como el elemento intruso que soy. Descubro que el tipo de clientela que allí acude es mucho más variado de lo que cabría suponer. Papá y mamá se besan con labios brillantes de mayonesa en la misma mesa donde sus retoños de entre dos y cuatro años engullen, digieren y metabolizan esta carne de dudosa procedencia, que así y todo será la materia prima de su crecimiento. Sus huesos, venas y cerebros estarán hechos de la misma carne de horca que ahora comen.

Acné. Mucho acné. Si algo es común a todos los clientes de este local es su aspecto aceitoso y granujiento. Pero no sólo jóvenes de físico desgarbado y bigotes de pelusa, también señores de traje. No muy mayores, es verdad, pero con el maletín al lado del papel arrugado que les sirve de plato. De alguna manera se descubre así el engaño, la ilusión de éxito que emana de su corbata se desvanece, revelándose como por ensalmo su indigencia vital.

También parejas adolescentes, el novio dotado de una ridícula y ostentosa gorra-visera trufada de baratijas y tachuelas, ella en el apogeo de su vida, los buenos tiempos que añorará más adelante. Catorce, quince, dieciséis años todo lo más, flaca, probablemente guapa si se quitara el maquillaje, abrigo de leopardo, tacones de putilla fina. El tipo de chica que antes de marcharse pasa por el baño y lo vomita todo. O que sólo come media hamburguesa, y deja el resto, orgullosa de sí misma, ignorante de que la alquimia intestinal ya ha empezado a funcionar y no habrá chanel en el mundo que camufle el hedor de los gases producidos en la digestión de esta blasfemia pseudocárnica. Es el hallazgo del día, esta chica, no le quito ojo, le miro las piernas, no parecen humanas sino de maniquí, estoy seguro de que podría cortárselas y venderlas a una mercería para que las expusieran en el escaparate, calzando una media distinta cada día. Seguro que esta idea le encanta, a ella, se sentiría halagada aunque se lo propusiera serrucho en mano.

Por supuesto le miro el culo, imbuido del espíritu carnicero y matachín que empaña los cristales del local, la despiezo con la mirada. Esos culos perfectos que se tienen antes de los veinte y ya nunca más. Esos cachetes tersos que vibrarán dentro de un par de horas al ritmo de una andanada de incontenible y nauseabunda flatulencia. Piel de plástico color carne nº 5 (extra de rosa) envolviendo un marasmo de vísceras podridas e inconexas, amontonadas en su interior como en un trastero. Una barbie rellena de morcilla.

Pero ya estoy en el mostrador. En estos tugurios infames le cobran a uno por adelantado, costumbre digna de puta curtida, y entonces toca esperar a que te hagan entrega de la bolsa de papel reglamentaria. Luego, sin mirar lo que te han servido, abandonas ileso el local.

Pienso en tirar el paquete en la primera papelera que encuentre, pero no, he de ser consecuente. Se trata de experimentar a fondo y hasta el final la epifanía del sueño americano, así que me lo subo a casa, lo deposito sobre la mesa y me arremango.

Verdaderamente sabe como aquel coño del verano, a puerto y metales pesados, todo mezclado con mayonesa, salsa barbacoa y algo que podría ser ceniza, o una colilla pisada. Pero no puede quedar nada. Ni una mísera patata, ni un pepinillo, ni un grumo del ketchup de las bolsitas.

La digestión me hace pensar en lo que siente un licántropo al transformarse en lobo. Todo dolor orgánico, nervios y tendones llevados al límite. Pero sobrevivo, y no tardo en evacuar lo engullido en forma de zurullo peculiar. Larguísimo, lo menos treinta centímetros de cilindro arcilloso, de acabado impecable, inusitado fruto de mis entrañas. Maravillado observo cómo el mondongo se desliza por el tobogán de porcelana, etéreo, sin dejar rastro ninguno, y cuando me quiero dar cuenta ha desaparecido, como si nunca hubiera estado allí.


Sólo la bolsa de papel arrugado, las servilletas churretosas y las bolsas de ketchup reventadas evidencian que todo ha pasado realmente, y no ha sido un sueño extraño e inquietante. Pero no puedo negar la evidencia: en su inmersión he visto claramente cómo el chorongo daba un coletazo para impulsarse y culebrear desagüe abajo. Estaba vivo y consciente, y lo que es peor: adiestrado para remontar la cloaca como los salmones y aparecer de nuevo en la cocina de la hamburguesería, listo para ser otra vez frito, bañado en salsa barbacoa y finalmente servido a un cliente satisfecho y reincidente, en un bucle sin fin que gira y gira sobre sí mismo.

Esa es la conclusión:

Ronald MacDonald amaestrando caca.

Demos gracias porque aún no ha encontrado el modo en que la hamburguesa te digiera por dentro, escape a través de tu culo y vuelva al hogar cada vez más gorda, quedando el cliente cada vez más desnutrido.

16 comentarios:

estanli cuvric dijo...

Tal vez mi experiencia sea contraria a sus observaciones, Don Bubón, pero he de decirle que en las ocasiones que he digerido tales emparedados; en el momento de obrarlos, mi letrina se parecía más a una Splatter-house que a un mutis por el foro como el que usía describe.

Diness

El Hombre de la Pústula dijo...

Estimado Cuvric:

Splatter-house me suena a banana splitz. No concibo un banana splitz servido en semejante taza.

Agradezco su anotación, después de todo el propósito de este experimento es recabar la máxima cantidad de información relativa al tema. Sírvanse enviar fotografías de sus deposiciones a elhombredelapustula (arroba) gmail .punto. com, especificando en qué hamburguesería adquirireron la semilla del fruto en cuestión.

El siguiente experimento de la serie consistirá en: el energúmeno obeso amigo mío y yo acudiremos al Viena Capellanes a beber anisetes hasta vomitar sobre el regazo o la cabellera lacada de alguna vieja de las de pañal y chocha opusina. Iremos caracterizados de niños bien, ya hemos comprado los chalecos de pico y el bote de gomina, primero nos haremos amigos de las viejas y luego lo echaremos todo a perder, y haremos fotos de las consecuencias.

A ver qué sale.

skindesbous dijo...

Si hay algo que me haya gustado de este relato, son las etiquetas, jeje.




Por cierto, yo he estado en uno de Inglaterra, y no tienen nada que ver con los de aquí. Los culos de pollo que forman la hamburguesa son frescos y de primera.

engelson dijo...

es un poco angustiante ver cómo la pesa desaparece por el inodoro, aunque se ve que el chorongo mantiene su dignidad en todo momento

y lo del viena capellanes me tiene intrigado ya, ¿es un buen lugar para liarla?

Completamente Gilipollas dijo...

Estimado amigo de la pústula. Admiro si capacidad para extraer conclusiones del simple acto de comer/cagar (y asi sucesivamente). Yo nunca observo lo defecado. Me aterra pensar que algun dia lo que salga de dentro de mi sea mejor que lo que hay fuera.
Ahora le dejo, después de leer su post me ha entrado un hambre terrible de comida basura (aclaro, después de leer, no despues de ver las fotos).
Siempre suyo
Un completo gilipollas

Folken dijo...

Pustular, creo que esta vez miente. Los altos niveles de grasa que debió digerir harían flotar el zurullo. Todo esto no es más que una falacia.

El Hombre de la Pústula dijo...

Admirado Engelson:

La pesa se sumergió con la audacia y el oficio de un Cousteau. Y el Viena Capellanes es una repostería donde las viejas del Opus van a tomar té con pastas. Un sitio muy peligroso, dominado por arcanos franquistas, y que nunca está en el mismo lugar dos veces.

Querido C. G.

Sí, las fotos son asquerosas. Pero había que documentar el hecho. Una vez tomada la decisión, no cabe echarse atrás, por mucho pelo que haya que tragar.

Y en cuanto a usté, hinstruido amigo Folk, le aseguro que todo lo que aquí relato es verídico o está inspirado por hechos verídicos.

.........

Lo que me extraña es que no me hayan insultado aún. Reconozcámoslo: este post es una puta mierda, tanto en la forma como en el fondo.

¿No será que me dan la razón como a los locos y luego se juntan para reírse de mí, verdad?

Chufflo Rufflo dijo...

Después de videar la cara de usted en el féisbuc no me extraña que fuere donde fuere le miraren como extraño e intruso -y puede que aún también tóxico enzima digestivo-, pues cabe decir que su tocha adolece en dicha instantánea de cierto esquinamiento, me atrevería yo a aventurar, casi marciano. Por cierto, que no me aceptó usted la invitación, ¡mal amigo!, y aquí, cabrón de mí, lo suelto para que lo sepan todos...

Una vez exhibida esta traición en público paso a comentar la choronga entrada, que no puedo sino aplaudir pese a reconocer, con usted, Don Bubón, que es una absoluta mierda, por dentro y por fuera y también en los cremosos intersticios de caca, pero que hace reír, con usted y no de usted, porque es fiel reflejo del mundo y las inquietudes de las que bebe y en las que coge fermosa raíz.

Me parece incluso tan digno su relato,que no dudo de que debiera ser adaptado al celuloide por el mismísimo Helenlotter, que podría completar así su díptico inacabado sobre la boñiga culebrera: "Brain Damage" entonces, y "Bosta Crash" ahora, merced a su guión original.

No dude en borrar, empero, su buboso nombre de los títulos de crédito de semejante hipotética telemierda si no quiere ser víctima de la su peor pasadilla, a saber: ser sujeto de millones de millones de transitorios e insensibles fans en el féisbuc, Nuevo Termitero Social del Orbe.


tionat

El Hombre de la Pústula dijo...

Ah, ponzoñoso kriss me clava usté en pleno costillar...

Reniego, así es, del Phasebukk, no quiero saber nada de semejante telaraña de venillas varicosas, toda vez que tengo la certeza absoluta de que su Amo del Calabozo Mark Zuckerberg pasa las tardes repasando cuantas imágenes allí se cuelgan, al tiempo que se palpa lascivo la entrepierna.

El caso es que me dio usted una idea genial al sugerir que las fotos fueran todas caricatura y paroxismo. En cuanto recuerde la puta contraseña prometo colgar un álbum familiar pustular y aceptarle la amistad.

Hice el perfil hace varios meses, y cuando intenté propagarlo todos mis conocidos repudiaron asqueados mi solicitud, acusando un severo raquitismo en su sentido del humor.

Lo intentaré, ya le digo, pero no prometo nada, pues un medio donde un sentimiento noble y elevado como el odio se manifiesta a la manera borrega, esto es, haciéndose fan de Odio tal o cual cosa no me inspira sino la más corrosiva de las desolaciones.

porterodelantero dijo...

Ayer iba a escribirte algo sobre cómo la foto de tu actualización eclipsa el texto por brillante que sea. Algo sobre el poder de vampirización de la imagen y sobre el temblor de la náusea.

Pero hoy eso ha quedado eclipsado por tu menta polea ¿Y el movimiento loco que le has aportado? ¿Esa mano onanista que hunde 15 veces la bolsita hasta tan solo un tercio de su largo? ¿Eso por qué? Increíble.

Miguel Noguera dijo...

Muy bonita la animación como de telediario, también quiero mencionar la idea de una mano de cristal empañándose de vahos de poleo menta.

La imagen de la caca es sencillamente falsa, de hecho, ésta penetra en el váter como si fuera un puñal de esos que se clavan en su propia empuñadura.


(La idea de cargar contra los pobres ateos, gente muy pasada de moda, puretas preocupados que se reunen en pisos de alguien)

El Hombre de la Pústula dijo...

Ante la avalancha de ataques que sobre mi persona han recaído desde la publicación del triple retrete con zurullo escapista, agresiones que han ido desde el simple escupitajo en el ojo hasta el lanzamiento alevoso de macetas molotov desde pisos quintos o superiores, me veo en la obligación de explicarme.

El zurullo que muestra la imagen (verídica) es la resultante de destilar una whopper, una steakhouse y dos de patatas grandes a través de mi alambique digestivo. La serie, efectivamente, está trucada: sólo la imagen de la izquierda, aquella en la que el tordo aparece desplegado en toda su magnitud, es verdadera. Las otras son variaciones compuestas, como acertadamente señala el Sr. Noguera, a la manera del puñal retráctil. Juro por mi honor que son fiel dramatización del limpio y espontáneo deslizarse del leño en cuestión.

Me pareció importante incluirla para compartir con ustedes la experiencia en toda su crudeza.

Anónimo dijo...

En fin.
En fin.
En fin.
EN FIN.
EN FIN.
EN FIN.
EN FIN.

El Hombre de la Pústula dijo...

Hola Anónimo.

Ruego haga más específica su crítica. Y no deje de mandar fotografías de sus deposiciones a elhombredelapustula (arroba) gmail .punto. com.

Ender Muab'Dib dijo...

Jajaja, enormísima mierda de post. Creo que usted ha pasado mucho tiempo en ese tipo de locales y tiene calada a todo su público.

Qué gusto da encontrar a alguien que hable con tanto conocimiento y sin ningún prejucio sobre la mierda. Mis amigos, pese a reirse, me piden que me calle a la tercera frase.

Un saludo.

Patricil dijo...

De ahí su apodo: Mc Mierdas. Son las Tenias del futuro.

Por cierto, lo que caga usted en las carnicerías lo llaman "salsichas".