Ojalá tuviera un traje de realidad virtual. Aquello sí era ocio. O debía serlo, claro, yo no llegué a probar jamás ninguno. Pero qué privilegio debió ser para aquellos pocos afortunados poder ejercitar el cuerpo, con todas las posibilidades que ofrece este mundo que hay al otro lado de la pantalla, donde todos los parámetros pueden ser modificados, y puede uno saltar ocho metros hacia arriba, gatear por el techo o incluso echar a volar como un cohete. Sin tener que dar los pesados, esforzados pasos con los que debe uno caminar hasta su coche.
Parece ser que eran perjudiciales para la salud mental, estos trajes. No se comprende que, en una sociedad avanzada como la nuestra donde las libertades y derechos de cada ciudadano se respetan y todos sus deseos se ven satisfechos, haya progresos tecnológicos prohibidos. ¿Qué importan los desajustes de conducta al volver a la realidad? Desajustes del todo comprensibles por otra parte: la realidad natural es defectuosa. Y frustrante. Cuanto menos se pase por ella, mejor. Ojalá tuviera la suerte de trabajar desde mi dormitorio. Pero no. No hice bien los planes cuando debí, de hecho no hice plan alguno, y por eso no he podido conseguir más que este empleo mediocre que me obliga a desplazarme en coche hasta la oficina. Insisto: la realidad natural es defectuosa. Uno aprende después, cuando necesita saber antes. Esto no ocurre en el ocio, donde se pueden guardar los progresos, tantear las siguientes estrategias, y volver a empezar conociéndose ya el terreno. El ser humano es mucho más eficiente así. Está pensado para ser así.
Me han dicho que hay un truco para usurparle el puesto a uno de estos suertudos que trabajan desde su dormitorio, a través de pantallas y teclados como éstos. Hago buscar a mi personaje pero no logro encontrarlo. He probado mil maneras. He seguido a algunos durante varios días, he asaltado sus casas, tras múltiples intentos en los que me mataban, y cuando por fin lograba yo estrangularles en su cama, nada cambiaba. Ni aún poniéndome su ropa y yendo a trabajar a su oficina a la mañana siguiente. Nada. Mi barra de crédito sigue igual. Es verdad que no hay modo de distinguir, de entre los demás personajes, cuáles son sólo jugadores nocturnos como yo y cuáles son permanentes. Pero se supone que, si hubiera conseguido hacerme permanente, la barra de crédito del juego se sumaría a mi propia barra de crédito. Y demonios, tendría un montón.
Tampoco es que me falte crédito en el día a día, el mío, digo, no el del personaje. Soy un gran ahorrador. Hay quien despilfarra su crédito hinchándose a comer o conduciendo de manera agresiva, pero eso está penalizado, lógicamente. Cuanto menos crédito tengas, más te cobran por todo. Es de cajón. Después de todo, las entidades cuidan de este crédito que tanto nos cuesta ganar. Si no, habríamos de volver a la época en que se utilizaban frágiles billetes de papel quebradizo y deleznable, o monedas diminutas que se perdían a cientos por los huecos del sofá. Además de vernos obligados a contar en cifras, en lugar de orientarnos por la longitud de nuestra barra de crédito, que con un simple vistazo nos da una idea de cuánto tenemos.
Lo que sí se puede, en cambio, es comprar crédito para tu personaje con el tuyo propio. Basta con que el personaje se acerque a una sucursal y haga una sencilla transferencia. La propia entidad se encarga de convertir el crédito real en crédito imaginario, sin ningún coste. Y el crédito imaginario sirve, como todo el mundo sabe, para comprar todo tipo de productos imaginarios que enriquecen la experiencia del ocio. De hecho, mi personaje sí tiene un traje de realidad virtual.
En cuanto al crédito, yo prefiero guardarlo, de todos modos. Tengo ese carácter. Así puedo conducir mi coche sin miedo a quedarme tirado con el depósito seco. Es verdad, me gusta conducir manualmente, ver las hileras de luces avanzando en armonía, cientos de miles de coches, todos a una. Me extrañó cuando el otro día al volver del trabajo decidí tomar un desvío y el volante no me dejó. Deduje que el conmutador de conducción manual estaría roto, porque aunque lo pulsé una y otra vez, el coche seguía avanzando solo por la ruta habitual. Al llegar a casa, en el garaje, y siguiendo un impulso más propio de mi personaje que de mí mismo, hice saltar la carcasa del conmutador para ver si era capaz de encontrar la avería. Se desprendió sin apenas esfuerzo, descubriéndose hueca. Un simple adorno. Odié el conmutador y odié también mi dedo índice, que durante todo este tiempo me había hecho sentir esa fraudulenta sensación de libertad. Lo digo y lo repito: la realidad natural es defectuosa.
Esta noche mi personaje ha ido a ver una película bastante interesante. Eso comentaban los demás al salir del cine, yo no he podido concentrarme. No podía dejar de pensar en que al día siguiente sería jueves, el día en que mi personaje se ve con la mujer casada de la que está enamorado. Incluso me ha costado dormir, pero esta mañana me he despertado con la mejilla aplastada sobre el teclado, mis babas impregnadas sobre la barra espaciadora, y he ido a trabajar ansioso porque pase la jornada. Las rodillas temblando, cuando he vuelto a mi dormitorio y he encendido el monitor. El corazón rebotándome en el pecho mientras mi personaje merodea por el barrio de la mujer casada, salta la verja de su urbanización, trepa de terraza en terraza por la fachada hasta el quinto piso y se cuela por la ventana, donde ella le espera, desnuda y excitada.
Lo digo y lo repito: ojalá tuviera un traje de realidad virtual. Aquello sí que era ocio.
jueves 25 de septiembre de 2008
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16 comentarios:
lo que no acabo de entender es eso del coche.
A mi entender debe tratarse de algún implemento instrumentado en la versión 1.4 del programa en cuestión, porque ahora todos llevamos patines voladores a reacción.
¿Las mujeres casadas fornican sobre conos flotantes?
La mujer casada, cuando fornica, fornica como ninguna. Dónde lo haga ya es cuestión de oportunismo y gustos personales. Yo prefiero como digo invadir a hurtadillas su dormitorio mientras el cónyuge (siempre alguien más pequeño que yo, enclenque y con voz de pito) escucha a de la Morena en el transistor de la cocina.
No sé desde qué ciudad-estado escribe Ud. En la mía los patines a reacción están prohibidos también, debido al gran número de desnucamientos que provocaban al arrancar. Menudo 6 de enero fue aquel...
Fue el año en que los prestidigitadores exóticos hicieron huelga, y dejaron los presentes en manos de Herodio de Tebas. Lo recuerdo.
Ahora vivimos mejor.
Le filicito Bruce Bubboner, creo que acabo de asistir a la mejor de sus "bobunadas" hasta la fecha. Se supera usted un día tras otro. o eso, o le supura la pus de la mente directa al teclado, qye también podría ser. Siga a sí y pronto habrá masivos cierras blogueros por cochinísima envidia, mendiós!
Creo que esa la he visto.
¿No hacía Zara Whites de la mujer casada?
Y Tori Welles hacía de su amiga desdentada...
Vívidos recuerdos de Cronenburgo me ha provocado este descreído y resignado relato suyo, Don Bubón.
Vívidos, ¿eh?, qué palabra tan pretenciosa, tan devaluada por el abuso.
Me imagino el traje de realidad virtual: unas mayas ajustadas de chillón color, 5 o 6 electrodos en la cabeza, y un cable de viscoso tejido vivo que conecta el servidor central con el recto del jugador, ¿no es así?
Estimado Folken: Me supera ud. en cuanto a cripticidad inescrutable. Entiendo que los prestigitadores exóticos son los reyes magos, trío camellesco donde los haya, y el depositario de los regalos fue el muy pustular y nunca bien ponderado Herodes el Grande. Pero Tebas, según me consta, fue comprada en su momento por la Weyland-Yutani y desde entonces está prohibido referirse a ella con otro nombre que no sea Valladolid. Consulte las hemerotecas si no me cree.
Estimado Vida Reputesca: Quiero pensar que comentó a modo de incursión furtiva y apresurada, y que no quiso decir "bobunada" sino "bubonada" De no ser así, tampoco discrepo, pues bobuno, bovino o bobina todo es uno. No, en serio, ya es bastante con que se entienda más o menos de qué va la póstula de marras, así que me siento de sobra honrado por su cumplido. Y efectivamente, la pus me rezuma, tanto metafórica como literalmente. Al bubón de mi ingle y la pústula del brazo se suma una ampolla inflamada en mi oído derecho, que amenaza infectarme el cerebro todo si no hago pronta biopsia.
Estimado Vaugan: Demonios, ojalá fueran esas señoras furcias que menta. La interfecta tiene más de Sra. Alcántara, me temo. Pero en viciosa, eso sí, y su recatado conjunto (rebeca de entretiempo y falda de tubo) está confeccionado en vinilo translúcido y sensible al tacto.
Estimado Cuvric: Sólo conozco un Kronenburg, y es una surtida cervecería de turbio pasado filonazi y excelentes raciones de salchicha y chucrut. Veo también que ha sido ud. uno de los pocos afortunados que ha visto de cerca uno de esos trajes... Yo me los imaginaba más bien como una especie de dama de hierro, erizada por dentro de afiladas conexiones neuronales.
Saludos a todos, puñetas!
bueno, alguien sabe donde se consigue el traje en sudamerica, aca hay unos con pinches del lado de adentro, pero tienen demasiada realidad....diriayo...
Lo acojonante es que nos aproximamos hacia la ficción que describe. Yo, personalmente, ya he iniciado una relación afectivo-sexual con mi CPU. Cuando se va, me siento su perrito librepensador. Ojalá tuviera un traje de realidad virtual, eso sí sería ocio.
Usted podría ser el personaje de otro personaje y que, al mismo tiempo, fuera el personaje del personaje del...
Discrepo. Igual que mi personaje conoce de mi existencia, yo sabría de otro hipotético ser que me controlare con el mando de la güi.
Es cierto, mi personaje conoce de mi existencia. Me mira por encima del hombro y todo, sabiendo que vive la vida que a mí me gustaría.
Es así.
Si usted es personaje de personaje, de personaje que es a su vez personaje de persona o ente que no sabe cel cierto si es personaje a su vez, entonces qué, quién cojones me está jodiendo a mi desde las alturas?
Julio Verne fue un desgraciao.
Saludos, compadre.
Aaarrrrrrrrrrrrr!
Ahora bien; quedan algunas preguntas en el aire y las cuales en este mismo instante son difíciles responder; para qué servirá la llamada Internet 2, teniendo en cuenta que Neuronet busca también relacionar otros escenarios de interacción social como los negocios y la medicina?
De igual forma apuestas como la Web 3.0, que perfilan a la Web semántica como el mecanismo que posibilitará una real conexión inteligente entre los datos, preferirá migrar a muchas más altas velocidades para su procesamiento y se alejará de la creada por Tim Berners Lee?
Lo que en realidad quería decir es que en este mundo no habrá justicia mientras no se reconozcan los derechos de los dildos.
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