A veces tengo la impresión de llegar tarde a muchos sitios o cosas. Por ejemplo, me he puesto a escribir un blog cuando nadie actualiza, ya. También he recalado en mi galera oficina estando ésta en horas bajas, muy bajas, bajísimas, horas pre-big bang. Uno de los que se iban me lo dijo así, una vez, antes de embarcar en el balandro que habría de llevarle a mejor destino, me dijo:
-Tú tenías que haber venido antes, hombre, con el Guillem. Te habrías hinchado a hacer cortos ¿Aquí? ¡Había dinero a espuertas! ¡Venga a gastar! ¡Y de putas y todo! Te hubieras hinchado.
-Vaya, hombre.
Le miré con rencor. Soy muy sensible al tema de las putas. El caso es que pensé qué sería de un hombre que siempre llegara tarde a todo. Esta es una idea que me parece ya resobada, como si la hubiera oído cientos de veces. Pero hasta hoy, que yo sepa, no se ha intentado analizar el tema científicamente. Ni lo haré yo, tampoco. Lo he intentado, hay tres páginas por encima de la que ahora mismo escribo, con fórmulas y todo, pero no las publicaré porque es un texto tremendamente farragoso y también un gran coñazo.
Pensé cómo sería la vida de un hombre que viviera en el interior de una especie de burbuja invisible y de finísima membrana, la cual se tardara en atravesar veinte minutos. Cualquier persona o cosa quedaría retenida en esa superficie plana e hiperdensa durante veinte minutos, para luego aparecer al otro lado, esto es, dentro de la burbuja. Dudé si ese retardo sería igual tanto al entrar como al salir de ella, o si al atravesarla de dentro a fuera el retardo fuese un adelanto, compensándose así los veinte minutos perdidos al entrar. En este caso la experiencia vital de este señor sería igual a la de cualquiera de nosotros ¡Todos podríamos vivir en burbujas con retardos de veinte, treinta o incluso cincuenta minutos y la vida seguiría su curso tal cual! Siempre que lo que se perdiera al entrar se recuperara al salir.
Me ví en un problema al considerar el movimiento de este señor. Si este señor caminara, los objetos de la calle entrarían en la burbuja, pero dado que éstos tardaban veinte minutos en traspasar su fina membrana, se daba una paradoja. ¿Volvía el objeto a su estado veinte minutos anterior? Si hablamos de una señal de “stop” no hay problema, puesto que su estado no cambia en veinte minutos, pero ¿y un semáforo? ¿Y una persona?
Si el tipo en cuestión se pone en la cola del bus, fagocitando en su burbuja de retardo a una persona que hablara con el móvil ¿se pondría esta persona a deshacer su conversación hasta llegar al punto veinte minutos anterior? ¿Y si hace veinte minutos no había llegado aún, saldría de la burbuja? ¿Y si sale de la burbuja cómo es que ha retrocedido en el tiempo? Absurdo como ven, pero así he estado toda la tarde.
Peor aún, he considerado la posibilidad de que no hubiera tal membrana, sino de que se tratase de una especie de campo detractor del tiempo del que este nefando personaje fuera vórtice. He llegado (este punto alcanza mi demencia) a calcular la fórmula que regiría el retardo en función de la distancia. He aquí la prueba:
-Tú tenías que haber venido antes, hombre, con el Guillem. Te habrías hinchado a hacer cortos ¿Aquí? ¡Había dinero a espuertas! ¡Venga a gastar! ¡Y de putas y todo! Te hubieras hinchado.
-Vaya, hombre.
Le miré con rencor. Soy muy sensible al tema de las putas. El caso es que pensé qué sería de un hombre que siempre llegara tarde a todo. Esta es una idea que me parece ya resobada, como si la hubiera oído cientos de veces. Pero hasta hoy, que yo sepa, no se ha intentado analizar el tema científicamente. Ni lo haré yo, tampoco. Lo he intentado, hay tres páginas por encima de la que ahora mismo escribo, con fórmulas y todo, pero no las publicaré porque es un texto tremendamente farragoso y también un gran coñazo.
Pensé cómo sería la vida de un hombre que viviera en el interior de una especie de burbuja invisible y de finísima membrana, la cual se tardara en atravesar veinte minutos. Cualquier persona o cosa quedaría retenida en esa superficie plana e hiperdensa durante veinte minutos, para luego aparecer al otro lado, esto es, dentro de la burbuja. Dudé si ese retardo sería igual tanto al entrar como al salir de ella, o si al atravesarla de dentro a fuera el retardo fuese un adelanto, compensándose así los veinte minutos perdidos al entrar. En este caso la experiencia vital de este señor sería igual a la de cualquiera de nosotros ¡Todos podríamos vivir en burbujas con retardos de veinte, treinta o incluso cincuenta minutos y la vida seguiría su curso tal cual! Siempre que lo que se perdiera al entrar se recuperara al salir.
Me ví en un problema al considerar el movimiento de este señor. Si este señor caminara, los objetos de la calle entrarían en la burbuja, pero dado que éstos tardaban veinte minutos en traspasar su fina membrana, se daba una paradoja. ¿Volvía el objeto a su estado veinte minutos anterior? Si hablamos de una señal de “stop” no hay problema, puesto que su estado no cambia en veinte minutos, pero ¿y un semáforo? ¿Y una persona?
Si el tipo en cuestión se pone en la cola del bus, fagocitando en su burbuja de retardo a una persona que hablara con el móvil ¿se pondría esta persona a deshacer su conversación hasta llegar al punto veinte minutos anterior? ¿Y si hace veinte minutos no había llegado aún, saldría de la burbuja? ¿Y si sale de la burbuja cómo es que ha retrocedido en el tiempo? Absurdo como ven, pero así he estado toda la tarde.
Peor aún, he considerado la posibilidad de que no hubiera tal membrana, sino de que se tratase de una especie de campo detractor del tiempo del que este nefando personaje fuera vórtice. He llegado (este punto alcanza mi demencia) a calcular la fórmula que regiría el retardo en función de la distancia. He aquí la prueba:

Nótese el gracioso perpetuum mobile que, aburrido, he esbozado en la parte izquierda: tiene un motor en el pecho que enrolla sobre sí mismo una cuerda que, pasando por su mente polea, procede del exterior. No se sabe qué hay al otro extremo de la cuerda, por eso tira continuamente de ella.
Todo esto en vano, claro. Al final, la única hipótesis válida era que la membrana atrapara en su microscópicamente fino interior a cualquier cosa o persona que entrara en contacto con ella, conteniéndola durante veinte minutos en animación suspendida hasta brotar al otro lado. La vida de este hipotético sujeto sería un drama humano, sin posibilidad de interactuar con nadie fuera de su burbuja, sería despedido de sus empleos por tardar al menos cuarenta minutos en reaccionar a cualquier orden sencilla, sus posibles parejas se verían forzadas a vivir en el interior de la burbuja, asumiendo para ellos mismos la tara de este nefando personaje, con las inmundicias y sudores que implicaría además una perpetua convivencia en proximidad.
Las ondas de los teléfonos móviles tardarían también veinte minutos en cruzar la membrana, y recibiría la llamada con ese mismo retardo, aunque evidentemente para entonces quien llamase habría colgado ya hace rato. Es imposible saber qué pasaría si, al recibir esta llamada, nuestro amigo descolgara el teléfono. Sería como coger una llamada perdida, sólo se podría oír un ruido absurdo, interferencias cuánticas, las cosquillas del continuo espacio-tiempo. Mensajes sí, con eso no habría problemas de paradojas.
Sin duda este hombre moriría atropellado, por la cuestión del semáforo que apuntaba antes. Cruzaría el paso de cebra veinte minutos después de que el semáforo se pusiera en verde, cuando la imagen del hombrecito andante que en su momento le había dado prioridad de paso por fin cruzara la membrana. Sería cuestión de suerte que entonces la luz estuviera verde de nuevo. Suerte que antes o después cambiaría, de manera que algún coche se sumergiría a toda velocidad en la membrana y quedaría atrapado en ella veinte minutos.
Nuestro amigo cruzaría indemne el paso de cebra, subiría la escalinata de la oficina donde se dirigiría a hacer su enésima entrevista de trabajo y, sentado en la mesa de reuniones, ante un seleccionador de personal atónito, sería atropellado por un coche de alta gama que brotaría como de la nada y lo arrollaría brutalmente junto con el resto de candidatos, causando un enorme estrépito en el cuarto de reuniones y en la oficina en general.
Sin duda este hombre moriría atropellado, por la cuestión del semáforo que apuntaba antes. Cruzaría el paso de cebra veinte minutos después de que el semáforo se pusiera en verde, cuando la imagen del hombrecito andante que en su momento le había dado prioridad de paso por fin cruzara la membrana. Sería cuestión de suerte que entonces la luz estuviera verde de nuevo. Suerte que antes o después cambiaría, de manera que algún coche se sumergiría a toda velocidad en la membrana y quedaría atrapado en ella veinte minutos.
Nuestro amigo cruzaría indemne el paso de cebra, subiría la escalinata de la oficina donde se dirigiría a hacer su enésima entrevista de trabajo y, sentado en la mesa de reuniones, ante un seleccionador de personal atónito, sería atropellado por un coche de alta gama que brotaría como de la nada y lo arrollaría brutalmente junto con el resto de candidatos, causando un enorme estrépito en el cuarto de reuniones y en la oficina en general.

21 comentarios:
A mi me ha parecido muy científico y lo aplaudo, es un tema que me interesa mucho, me recuerda un poco al campo de fuerza personal que usaban en Dune, pero sólo un poco. Lo primero que se me ha ocurrido es que las personas equipadas con esa burbuja retardante jamás podrían tomarse un café caliente ya que se enfriaría en esos veinte minutos, pero lo más inquietante sería si funcionara también hacia fuera: en este caso y puestos en el trance de tener que evacuar, esas personas se verían obligadas a convivir dentro de su burbuja con su propio zurullo esos interminables veinte minutos
Por supuesto, trabajo con la hipótesis de que no hay animación suspendida mientras la burbuja es atravesada por lo que sea, tal vez una leve ralentización de las leyes físicas universales pero nada más, para afirmar esto con tanta seguridad me baso en mi propio instinto
Se me ocurren más posibles paradojas pero ahora que tengo un momento voy a repasar las fórmulas que tan gentilmente publicas, haciendo hincapié en el tema del poleo mental
Está claro que te ha debido entrar una burbuja en el cerebro.
Es broma. Con el gráfico y la fórmula, ya sí que me has matado, jajajajaj.
Saludos!
Llevo varias actualizaciones siguiéndote sin decir nada, y sin decir demasiado quiero dejar constancia de este seguimiento y declararme admiradora de estos brillantes delirios.
Un saludo.
*llego mucho más tarde que veinte minutos, pero ya tú sabes
Me parece un melodrama muy bonito lo del bubble man. Muy de lágrima de madre.
Me quedo con lo del gráfico, que me ha hecho pensar (no porque tenga nada de falaz, si no simplemente porque yo no alcanzo a comprenderlo) en los gráficos de los anuncios. Esos gráficos con unos ejes indeterminados que remiten a coordenadas en dos dimensiones y una flecha gorda, fosforescente y ascendente, normalmente describiendo una curva dinámica. Siempre indicando algo en concreto que va a más, a mejor. En el caso de los anuncios de dentífricos, la progresión del gráfico tiene forma de U siempre, para representar (en color rojo) la zona temporal de riesgo de caries después de las comidas. La contradicción está en la simpleza minimalista de este tipo de gráficos, cuando el motivo de un gráfico real es el de ser totalmente preciso.
Engelson, me pones en un brete, no me había planteado qué podría pasar durante la animación suspendida. Se abre todo un habanico de posibilidades (fíjate en el guiño al diminutivo baturro).
Lo del zurullo sí te lo sé responder, sería un proceso inverso al del coche, esto es: el pobre muchacho evacuaría en el inodoro, pero el chorizo quedaría atrapado en la membrana de la burbuja durante veinte minutos, hasta cruzarla y salir fuera estando ya nuestro infeliz sujeto en otro lugar nada apropiado para andar soltando lastre. Con el agua de la cisterna y todo.
S. C., lo del gráfico, es verdad, tiene delito.
Esther, muchas gracias por lo del delirio y por ese toque exótico del ya tú sabes. Ahora no sé qué decir.
Un envoltorio de tales características y semejantes consecuencias parecería creación de algún doctor asiático con dientes enegrecidos.
Con semejante caparazón lo que sería estupendo sería mantener una conversación con alguien que te odie. Piénsenlo.
Endepin
Hola Luis,
En realidad el gráfico me sirvió para sacar la fórmula. La idea era relacionar el retardo (la t con el triángulo delante) que hay en un punto dado, en función de la distancia d que hay entre ese punto y el pobre infeliz. Pero repito, esto era otra opción en la que no hay burbuja, sino un campo de retardo en el tiempo, del cual el desgraciado muchacho es el centro. Ya sé que esto no tiene nada que ver con lo que comentabas, pero me ha llevado mucho tiempo desarrollar esta hipótesis y tenía que mencionarlo.
Ahora sí, respecto a lo que dices, a mí me hacen gracia también esas frases como un 80% más de felicidad en cada envase, las gráficas que relacionan, digamos, humedad ambiente con alevosía, o ese truco de las fotos que muestran el ANTES y el DESPUÉS.
Qué tal, estanli
Sí, sería del todo enervante para la otra persona. Pero tendría que ser en un ascensor, bueno, en un sitio un poco más grande para que no incluir al otro dentro de la burbuja. Un sitio del que no se pudiera marchar. Y ya si fuese veinte minutos después de cagar, podría uno darle la espalda y esperar a que saliera el premio de la membrana. La risión, vaya.
jeje, sí, a eso me refería, la pesa estaría ahí asomando por la burbuja durante veinte minutos, saliendo poco a poco mientras la persona ya se ha subido los pantalones y todo, lo que no me cuadra es lo del agua del inodoro, tendría que haber estado en contacto con la burbuja durante 20' para poder entrar, con lo cual la pesa ya estaría asomando y provocando una paradoja temporal provocada por tardar tanto en giñar
en fin, perdón
Razonamiento digno del mismísimo Miguel Noguera.
Al respecto me gustaría manifestar lo siguiente:
1 Tengo a mi lado al notario Evaristo Montalvo que dá fe de que he leído todo su texto.
2 el problema de las evacuaciones se podría solventar con un sencillo mecanismo construido al efecto, un acumulador o un dispositivo similar al torno de los conventos de clausura. En fin que una sociedad que vive en la era tecnológica de la burbuja retardante idearía algo rápidamente para solventar ese inconveniente.
3 Se acabaría para siempre la lacra humana de la eyaculación precoz y esa sería la clave de que hombres y mujeres dejasen de ser unos insatisfechos y camináramos por fin hacia una humanidad feliz y más justa.
4 Tendría el inconveniente que habría que solucionar aún el problema del sionismo y evitar así el fin de la humanidad.
Atte:
El hombre que siempre llegaba tarde a todos sitios.
El otor día, ni corto ni perezoso, un alma buena a humana carne pegada me confundió con usted, quizá por aquello de que los hombres calvos dan sensación de fermosidad y potencia caderesca, y además a mí me había salido un horrible grano seborreico bien visible. Pero yo le dije, yep!, no!, no soy él, soy yo.
Y el hecho que sepa usted hacer fórmulas matemáticas y entrañables estampas confirman nuestra respectiva individuación.
De todos modos se te olvidó decir que ese coche final lo consuciría farruquito.
y si a ese hombre soda, si a ese hombre cocacola le quisieran disparar, vamos!! MATAR. La cocacola de 2 litros tarda apróx 20 minutos en perder todo el gas.Luego ya no hay burbujas.
http://fogonazos.blogspot.com/2009/02/percibirias-la-bala-que-te-va-matar.html
Veo una fisura en tu razonamiento. Me explico ¿qué ocurriría si tu perro fuera del Betis?
Hola engelson, teniendo en cuenta que todo entra y sale con veinte minutos de retraso, imagino que saldrá toda la carga (agua de cisterna + zurullo + papel de W.C. sucio y mojado + colilla) a la misma velocidad a la que entró en la membrana, pero sobre el suelo del salón. O por la ventana. O sobre la mesa, sí, sobre la mesa mejor, todavía sin recoger los platos, las visitas tomando el café, fumando y de repente SCHLOFF.
Andariego, no me cansaré de alabar la imagen con la que se muestra al mundo. Si a eso le sumamos que certifica haber leído todo el texto, no puedo sino deshacerme en reverencias. Sólo un apunte: la burbuja de retardo no es tanto un avance tecnológico como una peculiaridad innata del sujeto, una tara, una discapacidad espaciotemporal, un impedimento cuántico, como puede ser el autismo.
Chuffloman, celebro la visita, pero lamento la confusión que comentas, pudo haberte acarreado serios problemas. De las fórmulas sólo me acuerdo porque durante años ejercí de profesor particular. Ni te imaginas la cantidad de hachís que me llegué a pagar a costa del teorema de Pitágoras, eso sí, de yacer con alumnas nada. Una mierda, vaya.
Hola, Vicente, gracias por el enlace, ya les he avisado de que lo corrijan. El hombre soda, ese hombre que hace que te escueza la nariz.
Roberto, me dejas preocupado. No había considerado esa fisura para nada, y ahora voy a tener que rehacerlo todo, con lo tarde que es y lo poco que he dormido.
Ya sólo queda la "mente poleo".
Por cierto, tu teoría de la mujer-arado es finalista y de momento va en cabeza por su frescura (ésto es: "mente poleo")
Retiro lo dicho, acabo de ver el encabezado de ésto: http://ojosconcascaraytodo.blogspot.com/
Mmmmm. Las posibilidades letales del hombre de la burbuja son múltiples y variadas, pero todas cargadas de un poético dramatismo: morir atravesado por una bala 20 minutos después de haber ignorado a un atracador, ser arrollado por un tres de cercanías que surge del vacío 20 minutos después de atravesar cómodamente un paso a nivel, o morir ahogado 20 minutos después de que el tsunami haya llegado a la costa: bellísima escena la de la burbuja llenándose de agua en el vacío.
Con respecto al campo de retardo, estaba pensando en lo que ocurría si el retraso tendiese a infinito al disminuir la distancia. A nuestro hombre nunca le llegaría nada del exterior, sería como un agujero negro temporal; el resto de la gente podría verlo, pero no habría forma de interactuar con él...
En fin, gracias por arruinarme una productiva mañana de trabajo.
Pero según ese diagrama, la ralentización del tiempo aumenta conforme nos aceramos al hombre, lo que nos lleva a una paradoja. Estando a 5 unidades de distancia (¿metros?) la membrana actua ralentizándonos en torno a 30 segundos. Con lo cual, tardaríamos poco menos de medio minuto en lograr un avance infinitesimal hacia el señor del campo chungo ese, que a su vez nos ralentizaría en torno a 40(d+1)^(-3). En realidad nos ralentizaríamos mucho más de 20 minutos al acercarnos al hombre ese, a no ser que esto sólo tuviese sentido para d mayor de un determinado valor cercano a 0+, ¿no?.
Folken, no me puedo creer que te lo hayas tomado en serio. Y conste que lo digo con lágrimas de gratitud haciendo nudo en mi garganta.
Por eso que dices al final me decidí por la membrana. No podía ser haber pasado toda la tarde desgañitándome el cerebro para al final no publicar nada. Además, no me interesaba tanto el rigor matemático como el drama humano del hombre retrasado.
Pero por seguir con el juego, el problema surge en cuanto hay movimiento dentro de ese campo. Intenté hacer una fórmula que reflejara el gradiente de velocidad en su interior, pero había que hacer derivadas y ya no me acuerdo de cómo eran.
De todos modos, y para no quedar como un fraudulento vendedor de humo, te explico: la fórmula te da una referencia del retardo que llevas respecto a un observador exterior, suponiendo que estés quieto. Como digo, el movimiento lo afecta todo dándose numerosas parajodas: si caminas hacia el infeliz, tu movimiento se frena hasta llegar a una frontera en la que el tiempo podría congelarse (ya que si retrocedes en el tiempo desandas tu camino, alejándote así del sujeto y por tanto dejando de retroceder en el tiempo) También ocurriría si el sujeto se acerca a tí: te haría retroceder en el tiempo, y por tanto variar tu posición, lo cual cambiaría a su vez el retardo, etc, etc.
Un desastre, como ves.
¿Haría usted el favor de poner su rubro en alguno otro post, aunque fuese únicamente una imagen fotográfica de su anular dedo del pie izquierdo?
Acostumbrados a una pustulidad prolija, se hace extraña su ausencia, y más cuando cae un grande tras otro y los grogainómanos blogales nos peleamos por las migajas del recuerdo.
¿ Y ahí, dentro de la bubrbuja hay calefacción ? Póngase la bufanda, Pustulento que se va a enfríar, Hombre. Saludetes al resto de embriones y fetos que se están gestando ahora en esa burbuja de Mistol. Pobre, que chiflado tiene el coco.
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